La robotización aportará al PIB mundial 15,7 billones de dólares en 2030.

Tres de cada cuatro expertos en recursos humanos en España corrobora que la IA no es un peligro para el empleo, pero sí supondrá un auténtico reto de adaptación.

La Inteligencia Artificial (IA) y la robótica son consecuencias necesarias del implacable avance de las nuevas tecnologías en la sociedad actual, con una presencia que no para de crecer y de poner en jaque las reglas del juego tradicionales en todos los ámbitos y sectores.

Hoy en día estamos rodeados de smartphones que responden a nuestras peticiones con palabras; de cámaras de fotos que detectan nuestro estado de ánimo; de diagnósticos de enfermedades extraídas del análisis de algoritmos; o de automóviles inteligentes que aparcan por nosotros, ejemplos que tan solo son una pequeña parte del abanico de aplicaciones tecnológicas impensables hasta hace unos años.

En concreto, el ámbito de las máquinas inteligentes se posiciona como el verdadero motor del conjunto de las tecnologías de la información, sobre todo si tenemos en cuenta que, para 2030, se prevé que la Inteligencia Artificial aporte al PIB global 15,7 billones de dólares -9,1 de los cuales por el consumo de estas tecnologías y los 6,6 restantes derivados del incremento de la productividad-, según estima Pwc.

Para esta misma fecha se espera también que alrededor del 70% de las empresas hayan adoptado al menos una modalidad (visión artificial, automatización de procesos robóticos, lenguaje natural, machine learning o asistentes virtuales) de Inteligencia Artificial, una explosión derivada de su capacidad de almacenamiento y gestión de millones de datos, según previsiones de la consultora McKinsey.

Es precisamente la automatización de los procesos de trabajo lo que preocupa a los trabajadores, por el temor generalizado a ser sustituidos por una máquina que permita agilizar los procesos y ahorrar costes.

Sin embargo, estos temores son totalmente infundados para los expertos en recursos humanos de compañías de todos los sectores económicos de nuestro país, y el 74% de ellos consideran que el impacto de la Inteligencia Artificial no supondrá una amenaza para los empleados españoles. “El trabajo rutinario va a ir desapareciendo poco a poco, lo que no significa que desaparezca el trabajo humano” sino que más bien, asistiremos a una “redefinición del trabajo”, apunta el director del Instituto Cuatrecasas, Guillermo Tena, entidad que, junto al Grupo Adecco, ha llevado a cabo el informe del que se desprenden estos datos.

De esta cifra, el 67% afirma que, pese a ser posible la eliminación de puestos laborales, la pérdida se verá compensada por la creación de empleo que lleva aparejado el impacto de las nuevas tecnologías; y el 7% opina que incluso se crearán nuevas necesidades por las que las empresas incrementarán el número de su plantilla.

Por contra, un 26% de los profesionales encuestados considera que se destruirán puestos de trabajo a un mayor ritmo del que se crearán, lo que supondrá un balance negativo en el largo plazo.

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Sea como fuere, prácticamente la totalidad de los expertos (el 98%) asegura que la incorporación de estas tecnologías llevará aparejada un aumento exponencial de la productividad – y, por tanto, rentabilidad- de las empresas españolas, al tiempo que aumentarán las exigencias a las que deberán enfrentarse los trabajadores, que deberán “aprender a trabajar con las máquinas”, subraya el secretario general del Grupo Adecco, Santiago Soler.

Dicha adaptación a la nueva realidad laboral se plantea “complicada” al menos para el 24% de los encuestados, ya que, además de los retos que plantea la transformación digital, las empresas deben invertir en la formación de sus trabajadores para que sepan afrontar estos cambios, una asignatura todavía pendiente en España.

Mejora de la economía española

El pleno desarrollo de la Inteligencia Artificial en España -cuyo impacto total, según el informe de Adecco, llegará en el corto plazo-, tendrá un impacto positivo en la actividad económica española atribuible al incremento de la productividad empresarial.

Sin embargo, lejos de liderar la revolución tecnológica, España no está aprovechando, al menos de momento, los recursos disponibles “para ser más competitivos a nivel económico y empresarial”.

 

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