El maestro David Carragal falleció en Oviedo tras pasar una semana en coma por la agresión de un joven

David Carragal, de 33 años, tendría que haberse examinado este sábado de las oposiciones a maestro. El viernes pondría rumbo a Pensilvania (Estados Unidos) para incorporarse, otro año más, como monitor de natación en un campamento de verano. En septiembre se instalaría en Londres, donde le esperaba una plaza como profesor para el próximo curso. Pero no cumplirá ninguno de sus proyectos. La madrugada del martes 11 de junio, cuando volvía de las fiestas del barrio de La Florida, en Oviedo, el hombre cargado de planes se cruzó con tres jóvenes que acababan de estrenar la mayoría de edad. Uno de ellos le soltó una patada. Y todo se truncó.

David pasó una semana en coma en el Hospital de Asturias. Un tiempo en el que el pueblo marinero de Cudillero que lo vio nacer contuvo el aliento esperando una mejoría que nunca llegó. A 140 kilómetros de allí, en el turístico Llanes, dos de los jóvenes implicados seguían por la prensa la suerte de Carragal y la búsqueda lanzada por la policía para localizar a los agresores. El tercero lo hacía desde Colloto, cerca de Oviedo. El pasado lunes, el corazón de David se paró. Cudillero se envolvió en silencio y rabia. Los jóvenes recibieron la confirmación fatal: habían matado a un hombre.

Todo sucedió muy rápido aquella noche. Jorge Cué, lateral izquierdo del CD Llanes, y sus dos amigos se cruzaron con David y dos amigas enfermeras de urgencias sobre las cuatro y media de la madrugada. Volvían a casa. A David le gustaba la orquesta Panorama y trataba de verla siempre que actuaba cerca. Como ese día. Antes había llamado a su amigo Bruno Viña, que vive en Oviedo, para que se animara a ir con él. Pero Viña trabajaba al día siguiente. La patada que acabó causando la muerte de David se produjo justo debajo de su casa. Una reacción desproporcionada y sin sentido de Jorge tras la negativa del profesor a darles un cigarro (que no tenía porque no era fumador). Una de las enfermeras que lo acompañaba, amiga de la infancia, aseguró a su entorno que no tuvo ocasión de defenderse. Cué dijo ante la juez que hubo un “pique” de miradas y que lanzó una única patada. El golpe tumbó a David contra la acera. Los tres jóvenes, según su versión y a la que la magistrada y la policía han dado credibilidad, salieron huyendo.

El teléfono sonó a deshoras en la vivienda de Consuelo y José en Cudillero. Algo le había pasado al pequeño de sus hijos. José voló a Oviedo y cuando llegó al hospital y se enteró del estado de su hijo tuvo que ser atendido por los médicos. David no se volvió a despertar. La autopsia determinará la causa de la muerte y el número de golpes que recibió la víctima. La defensa de los chicos sostiene que los dos forenses que examinaron el cadáver observaron dos golpes en la cabeza. Uno por la patada y otro, el más grave, compatible con la posterior caída al suelo.

Al conocerse la muerte, los tres implicados, acompañados por algunos familiares, se presentaron en el despacho Cueto Abogados. Eran los jóvenes a los que todo el mundo buscaba. El letrado les aconsejó ir a la comisaría, donde quedaron detenidos. La juez les tomó declaración a ellos y a las dos enfermeras, y el miércoles dictó prisión sin fianza para Cué por un delito de homicidio doloso (con intención de causar daño). A los otros dos jóvenes los dejó en libertad con cargos por un delito de omisión de socorro. Su rastro se perdió desde entonces en la puerta de los juzgados.

En una casa blanca de dos plantas con geranios rojos en las ventanas, a 20 kilómetros de Llanes, se refugia uno de ellos, R. B, jugador del Ribadesella CF, de 19 años. Es la casa de su güelu Ramón que, apesadumbrado, no quiere salir a la puerta y responde desde dentro mientras su nieto, dice, duerme la siesta. “Está muy asustado. Es inocente, cuando vieron que el chico cayó, les dio miedo y escaparon. Lo siento muchísimo por el hombre que murió. Estamos destrozados”, lamenta.

En Llanes todos conocen a los chicos imputados y a sus familias. En la puerta del que fuera su instituto, algunos alumnos reconocen que formaban parte de un grupo que “la liaba bastante”, pero ninguno tenía antecedentes. Una persona que los conoce desde niños los define como “babayos”, un vocablo asturiano que significa tonto, engreído, fanfarrón, grosero. “Unos malcriados a los que les han reído mucho las gracias y que siempre se han escondido en papá y mamá. Ahora van a tener que dar toda la cara que nunca han dado”, resume quien los ha visto crecer.

Emotiva despedida

En Cudillero, nadie oculta las lágrimas y la rabia. A Sol Blázquez se le humedecen los ojos mientras arregla en su floristería una corona de difuntos. “Mi hija murió en un accidente y te enfadas con el mundo cuando pasa algo así, pero es que esto es inexplicable, muy cruel”. El pueblo se ha volcado con una familia ahogada en la pena. En el puerto y la Cofradía de pescadores Virgen del Carmen, de la que Consuelo fue secretaria hasta su jubilación hace unos meses, todos recuerdan a David, nieto de marineros, como una buena persona. “Era el chaval que menos conflictos buscaba”, dice su amigo Bruno Viña mientras repasa las fotos que compartieron en todos estos años de amistad.

David fue despedido con emotivos silencios y con prolongados aplausos en un pueblo que se quedó pequeño para decirle adiós. Un vídeo que él mismo subió a YouTube en 2017 como recuerdo de sus años de monitor de natación se ha convertido en un homenaje al que estos días se asoman los que lo conocían y los que no y ya supera las 40.000 visitas. La grabación recoge los mensajes de sus alumnos “al mejor monitor del mundo” y la despedida de David: “Será un adiós o un hasta luego”.

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