La capital andaluza, que recibe 250.000 foráneos al mes, intenta rentabilizar su tirón internacional sin perder carácter ni renunciar a otras alternativas económicas

“Volveré a votar, claro que sí. Últimamente no paramos de hacerlo”. La sevillana Cristina Palacio es agente inmobiliario y el próximo 26 de mayo acudirá a las urnas por tercera vez en seis meses —antes fueron las autonómicas del 2 de diciembre y después las generales del 28-M— convencida de la importancia de las políticas municipales en la vida de los barrios. Ella vive en el más poblado de la capital andaluza: Sevilla Este. Con 100.000 habitantes (Sevilla roza los 689.0000), tiene más electores potenciales que Cádiz y se antoja clave para decantar el futuro gobierno de la cuarta ciudad de España y la capital de provincia más importante que dirige el PSOE. Tras el letargo obligado de la Feria de Abril, aquí han focalizado el arranque de campaña el actual alcalde, el socialista Juan Espadas, la candidata de Adelante Sevilla (confluencia entre Podemos e IU), Susana Serrano, y los principales ediles del PP, conscientes de que 90.000 votos son suficientes para asegurarse la vara consistorial.

Palacio votará en función de las iniciativas concretas que los partidos planteen para su barrio, pero muchos sevillanos esperan ansiosos propuestas más a largo plazo para definir un modelo de ciudad que permita conjugar el reclamo de su riqueza patrimonial con nuevas líneas de crecimiento que la consoliden como una capital del siglo XXI. “Sevilla tiene mucho potencial y recursos: tiene patrimonio, tiene un puerto, polos de innovación, industria aeroespacial, turismo… Es un gran laboratorio para poner en marcha políticas de integración”, explica Alessandro Rainoldi, responsable del departamento de Políticas Territoriales del Joint Research Center de la Comisión Europea, ubicado en el recinto de La Cartuja.

Todos ofrecen una ecuación parecida: una Sevilla que articule el turismo y sus nuevos retos con un impulso del tejido empresarial —en 2018 cerraron casi mil negocios—, así como una apuesta por la innovación y la sostenibilidad, aunque el peso de cada factor varía en función de la orientación política.

La riqueza patrimonial y el bagaje histórico obligan a la ciudad a no dejar de abrazar la industria turística. El actual gobierno municipal ha desarrollado en estos cuatro años una política agresiva de posicionamiento en el exterior para, además de visitantes, atraer inversiones. La ciudad se ha convertido en sede de grandes eventos como la Cumbre Mundial del Turismo o la gala de los Goya, ha sido designada Capital Europea del Espacio y albergará la próxima edición de los premios MTV Europa, un escaparate que ha sido criticado desde la oposición por entender que los fastos opacaban los problemas de la ciudad. “El turismo debe ser una herramienta de encuentro, pero con un recorrido posterior, no podemos apostar todo a esa industria”, advierte Josu Gómez Barrutia, embajador en España de la iniciativa Future Society de Harvard.

Con una media de 250.000 visitantes al mes (3.002.230 en todo 2018, según cifras del Ayuntamiento), Sevilla no es ajena al fenómeno de la masificación turística y la despersonalización que conlleva. La proliferación de apartamentos turísticos ha expulsado a los sevillanos del casco histórico y ha levantado críticas sobre el cambio de fisonomía en la ciudad que eso implica. “Podríamos hablar de la existencia de una burbuja de apartamentos turísticos, y en breve podría haber sobresaturación”, afirma Francisco Tato, presidente del Colegio de Economistas de Sevilla, quien también aboga por diversificar el modelo productivo para asegurar vías alternativas de crecimiento más allá del turismo y advierte sobre uno de los principales vectores de la economía local. “La industria aeroespacial está en crisis”, recuerda.

Más calidad

El alcalde niega que exista el fenómeno de la turistificación alegando que no hay datos concluyentes que lo sustenten. El PP aboga por un control de los apartamentos turísticos que existen; Ciudadanos es más laxo en la materia y Vox solo ha avanzado que “buscará un equilibrio”. Adelante Sevilla es el más beligerante. Ha advertido contra la apertura de hoteles de cinco estrellas en el centro y se decanta por legislar de manera contundente sobre la materia. Todos coinciden en que la ciudad debe apostar por un turismo de calidad, pero difieren en el cómo, en la orientación de los recursos, en los focos de actuación y en la redistribución de los beneficios. “La regulación no debe disuadir a visitantes que, aunque ahora no tengan poder adquisitivo, puedan regresar el día de mañana con proyectos inversores porque les gustó la ciudad”, opina Gómez Barrutia.

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