También quiere convertirse en oficina administrativa para diferentes tipos de gestiones, desde renovar el carné hasta sacar licencias de caza y pesca

Correos parece haber encontrado en una vuelta a sus orígenes la fórmula para combatir la competencia creciente tanto de otros operadores postales privados -entre Seur y MRW controlan ya un 30% de la gestión logística de envíos, frente a casi el 43% que mantiene la empresa pública- como del gigante del comercio electrónico, Amazon, que ha montado su propia red de distribución. Para ello volverá a prestar servicios de intermediación financiera como venía haciendo hasta hace apenas tres años, cuando la entidad alemana Deutsche Bank terminó con el acuerdo conjunto que le había llevado a tener en sus oficinas un gestor bancario e incluso ofrecer depósitos a plazo fijo a un tipo de interés relativamente atractivo.

Pero Correos no era un banco entonces ni lo será ahora, aunque sí lo lleva de alguna forma en sus genes. En 1909 nació Caja Postal -aunque no empezó a operar hasta siete años después-, entonces la única entidad de ahorros de ámbito nacional, y estuvo en funcionamiento hasta 1991 al integrarse junto a otros bancos públicos en la corporación Argentaria. Tras la privatización de ésta y su integración en BBVA, la compañía volvió a ofrecer servicios financieros en sus oficinas a través de la firma Bancorreos en un concurso público que se adjudicó Deutsche Bank.

Ahora se retoma ese camino pero no se quiere depender de una sola entidad, a la vez que tampoco se pedirá licencia bancaria. Correos, básicamente, quiere ser de un lado la puerta de entrada a varios bancos y, por otro, su sustituto en las localidades más pequeñas. Desde 2008, con el principio de la última gran crisis financiera y económica, se han cerrado prácticamente 18.000 oficinas de entidades de depósito en España, dejando a muchos pueblos sin sucursales. Y es en ellos, aprovechando que la empresa postal ya está presente con 2.396 locales, donde quiere asumir ese papel como ya hacía décadas atrás.

«Mientras la banca está retirando su capacidad, en Correos ocurre al revés y busca ampliar servicios», explicó este martes el presidente de la compañía pública (integrada en la SEPI), Juan Manuel Serrano. A tal fin no solo hará las veces de sucursal bancaria de terceros (por ejemplo, abrirá cuentas y depósitos en su nombre, incluso permitirá retiradas y entregas de efectivo), yendo más allá de los acuerdos que tiene en marcha con Evo Bank, Triodos Bank y Mediolanum, sino que también servirá de oficinas de las administraciones públicas para realizar diferentes tipos de trámites -en 2018 pasaron por sus dependencias postales 93,5 millones de personas- como renovar el DNI, sacar licencias de caza y pesca, gestiones con Hacienda, etcétera. Y ello manteniendo su operatividad actual de venta de entradas para espectáculos y otros productos como tarjetas prepago de telefonía, móviles, auriculares… «Lo podemos asumir todo», insistió su máximo responsable.

Mirando al exterior

Pero Correos también quiere consolidarse como operador de referencia en paquetería, donde ya gestiona casi la mitad (el 49%) de los envíos que se generan a través de compras por internet. Para eso su estrategia pasa por aumentar su dominio en la Península Ibérica -donde pretende cubrir cualquier traslado en menos de 24 horas-, incluyendo por tanto Portugal, y llegar hasta el principio de muchos de esos productos, es decir, el sudeste asiático, uno de los «principales puntos de origen» de todo tipo de remesas a nivel mundial y «con un volumen cada vez mayor», destacó Serrano. China, Japón y Camboya son, a priori, los países que más le interesarían en esa ampliación.

Los detalles de cómo será la entrada en esos mercados se abordarán en una comisión de negocio internacional de nueva creación. Ya volviendo al ámbito nacional, la compañía pondrá en marcha este año el denominado 'Proyecto Rampa 7': un centro logístico para ser más eficientes en la gestión de mercancías en el aeropuerto madrileño de Barajas, donde podrá procesar 10.000 paquetes cada hora.

Además, mantendrán la prestación del servicio postal universal, por el que este año recibirán del Estado 150 millones de euros, un 15% más que en 2018 aunque ni siquiera representará uno de cada diez euros que ingresa: en concreto, el 7,6% de los 1.966 millones que prevé facturar este ejercicio (un 10% más) y con los que espera reducir sus números rojos prácticamente un 96% hasta dejarlos en solo 7,4 millones.

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