Iniesta celebra el gol de la final ante Holanda – Selección española

Nada volvió a ser igual tras besar la red el balón que voleó el manchego en el minuto 116 de la final ante Holanda en Johannesburgo

El camino ya se intuía un par de años atrás, en aquel 2008 que fue dulce entre las verdes praderas de Austria y Suiza, pero el 11 de julio de 2010 fue el día terminó de elevar el fútbol español a los altares de la excelencia. Marcó Iniesta y estalló el país, sediento como estaba de una alegría con la que creerse entre los mejores. Aquel minuto 116, prórroga de la final ante Holanda en el estadio Estadio Soccer City de Johannesburgo, supuso el gran punto y aparte de la historia del balompié en España.

Nadie desde entonces volvió a mirar la camiseta roja de la selección con la misma mirada. Enfrentarse a «esos locos bajitos» pasó a ser una tortura, un ejercicio de paciencia donde la pelota sería un elemento extraño con dueño invariable. Los Xavi, Alonso, Iniesta y compañía forjaron una dinastía imborrable que transformó no solo el panorama futbolístico dentro de nuestras fronteras, sino en el mundo entero.

Todo el planeta pasó a querer imprimir el sello español a su fútbol, la marca que garantizaba poner el techo tan arriba como la imaginación dispusiese. Guardiola, que había hecho del Barcelona el que seguramente sea el mejor equipo de la historia, replicaba en el fútbol de clubes la pauta de la selección. El «tiki-taka», como se bautizó vulgarmente a aquella obsesión por circular la pelota con sentido, brío y paciencia, inundó la escena con fuerza.

Todo nació de aquel empeño de Luis Aragonés por convencer y reforzar a Xavi, 28 años cuando la expedición española viajaba a Innsbruck para establecer su campamento base de cara a la Eurocopa de 2008. El técnico quería que todo el juego de su equipo pasase por el de Tarrasa, hasta el momento uno más en el Barcelona, inédito dos años atrás en la final de Champions ante el Arsenal. La apuesta, reforzada con escuderos estelares y culminada por la determinación de una pareja que seguramente no se ha valorado como se debería, la que en punta formaron Torres y Villa, disparó el rendimiento del grupo.

Con Del Bosque, ya en 2010 y con el punto álgido de rendimiento en la Eurocopa de 2012, uno de los grandes torneos de selecciones ganados con mayor suficiencia que se recuerdan (imborrable ese 4-1 de la final ante Italia), la fórmula recogió matices, como el empleo de Cesc en la delantera o el doble pivote Alonso-Busquets. El resultado, palpable sobre el campo y el marcador, fue el mismo. Parece que fue ayer cuando éramos los mejores, y este jueves se cumplen nueve años.

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