Rusia

Pocos en ese país se compadecen de los que consideran unos «niños mimados»

Se lo tienen bien merecido. El pueblo ruso había dictado sentencia mucho antes de que los futbolistas Alexandr Kokorin (Zenit) y Pável Mamáev (Krasnodar) fueran condenados a un año y medio de cárcel por gamberrismo y agresión.

«El juez demostró que para él todos son iguales ante la ley, sean famosos futbolistas, actores, funcionarios o ciudadanos de a pie. Así debe ser», aseguró Mijaíl Fedótov, jefe del Consejo de Derechos Humanos adscrito al Kremlin, tras conocerse el fallo.

El proceso contra ambos futbolistas se convirtió al principio en un auténtico 'reality show' y después en un juicio público en el que la mayoría de los rusos se sentaron gustosamente en la bancada de la Fiscalía.

El caso es que muchos en este país se la tenían jurada a los futbolistas desde que estos comenzaron a comportarse tras la caída de la Unión Soviética como príncipes sin corona. Mientras los rusos sufrían múltiples penurias, los futbolistas vivían a cuerpo de rey y sin privarse de nada -mansiones, coches ultimo modelo, viajes al extranjero-, vidas disipadas que eran mostradas profusamente por la televisión.

«Se puede afirmar sin tapujos que la opinión pública y la resonancia del caso jugaron un papel fundamental en el veredicto», comentó Serguéi Zhorin, famoso abogado.

La animadversión hacia los futbolistas era compartida por el resto de deportistas, en especial por los practicantes de modalidades olímpicas poco populares y que tenían muy difícil salir adelante con becas irrisorias. «Cobran millones y nunca han ganado nada», comentaban campeones olímpicos.

No siempre fue así. Los Mostovói, Karpin u Onopko tuvieron que emigrar para ganar dinero y hacerse un nombre en el fútbol europeo, pero la siguiente generación tuvo más suerte.

Según la prensa, Kokorin gana 3,5 millones de euros al año, un salario similar al de Fiódor Smólov, delantero del Lokomotiv que no marcó ningún gol en el pasado Mundial. Ambos rechazaron numerosas propuestas de fichar por equipos extranjeros, ya que el salario sería mucho menor, las exigencias mucho mayores y, además, sin garantías de ser titular indiscutible.

Antes de ser detenidos por agredir salvajemente a dos funcionarios en un café y a un chófer en plena calle tras una noche de juerga, Kokorin y Mamáev se convirtieron en los mejores representantes de esos «niños mimados» del deporte ruso.

En el verano de 2016 ambos se gastaron 250.000 euros sólo en champán en una fiesta en Mónaco poco después de que la selección fuera apeada en la primera fase de la Eurocopa.

Por ello, nadie se sorprendió de que ellos fueran el chivo expiatorio elegido por la prensa para ajustar cuentas con los beneficiarios de la lluvia de petrorrublos que empresas como Gazprom o Lukoil derrocharon en los últimos quince años, cuando muchos rusos tienen problemas para pagar la electricidad o el gas.

El abogado de Kokorin no dudó en culpar hoy a la prensa por dictar el fallo mucho antes de que se conociera y advirtió que si por «dos golpes» su defensor recibió año y medio, «la mitad de la Madre Rusia debía estar entre rejas o incluso más».

Con todo, pocos son los que se compadecen de ellos. Uno de los pocos es Serguéi Semak, técnico del Zenit, quien opinó que el castigo era desproporcionado y respaldó el retorno del jugador a las filas del campeón de la liga rusa.

Pero el regreso tendrá que esperar, ya que Kokorin fue condenado a un año y seis meses de cárcel, de los que, según la reciente práctica penal en Rusia, habría cumplido poco más de un año.

Aunque su rodilla aún está maltrecha de la grave lesión que le tuvo apartado de los terrenos de juego durante medio año -trauma que la estancia en la cárcel ha agudizado, según los médicos del club-, Kokorin podrá reanudar su carrera.

Lo que es muy improbable es que Kokorin vuelva a la selección nacional, más aún teniendo en cuenta el encontronazo que ya tuvo en su momento con el seleccionador, Stanislav Cherchésov, que valora la disciplina sobre todas las cosas.

No está tan claro que ocurrirá con Mamáev, que también deberá permanecer entre rejas varios meses más y al que el Krasnodar tiene intención de imponer su propio castigo y romper el contrato que les une.

Curiosamente, es posible que, a sus 30 años, Mamáev deba emigrar al extranjero para «hacer el único trabajo que sabe hacer», según sus palabras, ya que el recibimiento que tendrá en los estadios rusos es impredecible.

«Es una pena que deportistas jóvenes cometan esos actos debido a su inconsciencia. De hecho, arruinan sus propias carreras. Espero que esto haya servido de lección para esos chicos. No sólo para ellos, sino para otros deportistas también», comentó Pável Kolobkov, ministro de Deportes.

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