Los jugadores del Manchester City celebran uno de los goles de la tarde – Inglaterra

El equipo de Guardiola bate al Brighton (1-4) y hace inútil el triunfo del Liverpool ante el Wolverhampton (2-o)

Estirando el cuello como si de una carrera de atletismo se tratase, el Manchester City se llevó por los pelos una Premier League extenuante. Envidiable ha sido el empeño que dos equipazos, el de Guardiola y el Liverpool, han puesto para hacer del título de esta temporada el más discutido de la historia. Una pelea solventada con 98 puntos en el bando citizen y 97 en el de la parroquia tutelada por Klopp después de vencer al Wolverhampton (2-0), cifra, esta última, suficiente para proclamarse campeón cualquier otro año que no fuese éste o el anterior, cerrado con el récord de 100 puntos del City.

Gloria por tanto por el mejor Liverpool de la historia en la liga inglesa, por más que ese maravilloso rendimiento no haya dado el fruto de un título que les es esquivo desde hace ya 29 años, un impensable para el gran dominador de la competición en la era previa al formato moderno que se instauró en 1992. De los reds son también los dos máximos goleadores de esta Premier celeste junto con Aubameyang, Salah y Mané, en la cabeza con 22 tantos. Uno más que Agüero, el gran argumento goleador de los de Guardiola.

Más aún escamará el asunto en Liverpool cuando conforme pasen los años se recuerde que este equipo perdió un solo partido en toda la temporada, precisamente ante el City (2-1) en la jornada 21. El resto, victorias y el gran lunar, por llamar de algún modo a esta extrañeza, de los siete empates que a la postre han significado el subcampeonato. Concretamente los cuatro que acumuló en ocho jornadas tras caer ante su competidor por el trofeo: Leicester, West Ham, United y Everton. Fue ahí, en la somnolencia provocada por esas tardes recibidas como trámites, donde se le escapó al equipo de Anfield un liderato que había construido un armazón de siete puntos cuando llegó la Navidad.

Todo lo desmontó el City con una regularidad incomparable. Guardiola ha construido un equipo de picadores de piedra, tan constantes en la suma de puntos como en la demolición de defensas multitudinarias. Brilló aquí con especial ímpetu un Bernardo Silva sobresaliente, seguramente el mejor jugador del campeón esta Premier. Pinchado en la banda derecha como falso extremo, el portugués se ha destapado en su segundo año en Manchester como una certeza competitiva de la magnitud que el curso pasado fue De Bruyne, castigado este año por las lesiones. Laporte, uno de los grandes culpables de la eliminación del City en la Champions, completa una temporada que de no ser por el extraterrestre Van Dijk sería indiscutiblemente de defensa del año.

Este domingo puso empeño en que así fuera recordado con un gol que está ya en la vitrina de la historia citizen: un cabezazo a la salida de un córner que disipó el susto del tanto inicial de Murray. Agüero, a los pocos minutos de la diana local, había rebajado la euforia de Anfield, atosigado el estadio por las continuas celebraciones en falso de los hinchas de los Wolves simulando un favor del Brighton. Mahrez, mediado el segundo tiempo, logró el golazo con el que se pondrá imagen a esta Premier, un recorte con su pierna buena en la frontal que mandó a Dunk a contar en Liverpool que ya había campeón y que cerró con un derechazo fabuloso. Gündogan puso la guinda con una falta directa a la escuadra.

«Nos juzgarán por los resultados», había anunciado Guardiola, apesadumbrado, en la previa. Desventuras europeas a un lado, a este City nadie le podrá negar la dimensión de sus conquistas.

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