Feliciano López celebra con su palco el título en Queen's – Queen’s

El español, que jugó por invictación y empezó el torneo como 113 del mundo, firma la mejor semana de su vida con 37 años

Y, de repente, cuando se le insinuaba la retirada, cuando se le consideraba más director de torneo (Mutua Madrid Open) que tenista, cuando ya había salido de la elite al caer más allá del top 100, cuando irremediablemente se recolectaban sus mejores momentos por si llegaba el día del adiós, Feliciano López se ganó un ratito más en el cielo, reverdecido ayer en Queen’s para confirmar que es un jugador completamente diferente al resto. España, acostumbrada durante la primavera a ese tono rojizo de la tierra batida, tuvo siempre en Feliciano como a un tenista especial, feliz en la hierba cuando lo normal es que a las raquetas nacionales les dé alergia el césped.

De los siete títulos que lucen en el palmarés de López, seguramente menos de los que debería por sus tremendas condiciones, cuatro han sido sobre el pasto británico. En Eastbourne se coronó en 2013 y 2014, pero nada comparable a Queen’s, seguramente uno de los torneos más prestigiosos y con más historia del circuito. Tiene categoría de ATP 500, pero lo cierto es que en ese escenario han triunfado los mejores, antesala de Wimbledon y con un pedigrí incuestionable.

Ahí ganó el español en 2017 y ayer, después de una semana impresionante, levantó el título en individuales tras vencer a Gilles Simon y el de dobles poco después, tan exhausto como pletórico en esa final formando una pareja de lujo con su amigo Andy Murray ( ganaron a Rajeev Ram y Joe Salisbury por 7-6, 5-7 y 10-4). Esa victoria, impensable en cualquier caso y más teniendo en cuenta que se apuntó para impulsar a Murray en su regreso a las pistas después de ser operado de la cadera y recibir una prótesis, fue la guinda al mejor torneo de su vida, y eso que cuenta ya con 37 años.

Con todo, Feliciano López apura sus días como profesional y él mismo le ha dado vueltas al adiós, más ahora que los miembros de la era dorada del tenis español desfilan irremediablemente hacia una nueva vida. Acostumbrado a estar en los grandes torneos porque su alta posición en el ranking le abría puertas, ha tenido que jugar fases previas y disputar torneos de rango menor para sumar puntos. El pasado lunes, el toledano se despertó como 113 del mundo, doloroso dato porque entró en el top 100 en julio de 2002 y no se movió de la zona noble desde entonces, pero hoy ya será el 53, más acorde con su nivel pese a que no lo haya demostrado últimamente. Hasta que llegó la hierba, su querida hierba.

Cinco partidos en dos días

Su fin de semana ha sido asfixiante, también sobresaliente. El sábado tuvo que vaciarse en las semifinales ante Felix Auger-Aliassime, terminar el duelo de cuartos de dobles (el viernes no se pudo por falta de luz) y después jugar la semifinal de ese cuadro por parejas.

Ayer, contra Simon luchó durante dos horas y 49 minutos y, tras un breve descanso, redondeó la faena con una hora y 51 minutos de batalla en el dobles para firmar un doblete histórico. Feliciano, en realidad, es eso, una especie de artista que tan pronto logra algo fuera de lo común como tropieza después de manera sonora. A una semana de que empiece Wimbledon, torneo que, como Queen’s, le ha concedido una invitación y en donde ha alcanzado tres veces los cuartos de final, habrá que tenerle en cuenta a la hora de rellenar quinielas.

Su nombre cotiza al alza y se prolonga su matrimonio con el pueblo británico, más si cabe por devolver a Murray al cielo. Claro que se reconoció el éxito del español en individuales, pero más se festejó su foto con Murray por lo que supone el regreso del escocés, al que se le dio por jubilado después de Australia. 842 días después, con una prótesis de cadera, levantó un trofeo y en su discurso le dio las gracias a Feliciano, el verdadero héroe de Queen’s.

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